Se trata del estudio de las variaciones de los paisajes en unas determinadas escalas, no sólo espaciales, sino también temporales. Para ello, combina desde la biología a la geografía, incluso las ciencias sociales dado el impacto que tiene la acción del hombre en el hábitat, habiéndose convertido en un elemento clave a la hora de definir una estrategia de conservación del patrimonio natural y cultural.